El Gobierno de Haití, liderado por Joseph Joute, presentó hoy su dimisión en medio de una crisis política y ante la presión de diversos sectores, entre ellos la Iglesia Católica, crítica de una ola de secuestros, incluyendo el de varios religiosos.

El canciller Claude Joseph fue nombrado el nuevo primer ministro del país en reemplazo de Joute, informó en su cuenta de Twitter el presidente haitiano, Jovenel Moise, quien gobierna por decreto por la ausencia de un Parlamento electo.

Moise dijo confiar en que el cambio “permitirá resolver el problema flagrante de la inseguridad y proseguir las discusiones para lograr el consenso necesario hacia la estabilidad política e institucional”, según informó la agencia de noticias Europa Press.

El presidente defiende su ‘hoja de ruta’ para la transición, según la cual el 27 de junio los haitianos están llamados a votar el borrador para una nueva Constitución que instauraría un régimen presidencialista.

El proyecto ya suscitó protestas, y la Oficina Integrada de la ONU en Haití (BINUH) advirtió esta misma semana de que “el proceso no es suficientemente inclusivo, participativo o transparente”.

Moise plantea también elecciones presidenciales y parlamentarias en septiembre, a las que en principio el actual presidente no concurrirá.

El terremoto político coincide también con una creciente ola de inseguridad violencia de la que se responsabiliza tanto a bandas organizadas como a facciones radicales de las propias fuerzas de seguridad.

El Gobierno reconoce públicamente el problema, pero día tras día el país sigue sumando víctimas.

La Conferencia Episcopal haitiana convocó para mañana a una huelga para protestar contra la creciente inseguridad en el país caribeño, que califica como “dictadura del secuestro” de la que fueron víctimas recientes varios religiosos, entre ellos dos personas de nacionalidad francesa.

El domingo, siete religiosos y otras tres personas fueron raptadas en la zona de Croix-des-Bouquets, en el departamento de Oeste.

El ataque fue atribuido a la banda ‘400 Mawozo’ y, según testimonios recogidos por medios franceses, tiene un objetivo económico.

“No podemos dejar que unos bandidos nos asesinen, violen y secuestren”, lamentó la Conferencia Episcopal haitiana, en un mensaje con el que trascendió la mera condena y convocó a todas las instituciones católicas, incluidas las educativas, que cierren sus puertas mañana como señal de protesta, según el diario Le Nouvelliste.

Sí se celebrarán misas, “para pedir a Dios un cambio por Haití”, y las campanas de los templos sonarán a mediodía en señal de repulsa por una inseguridad que desbordó a las autoridades, en un momento clave ante la inminencia de un referendo constitucional y unas elecciones generales que están llamadas a poner fin a años de parálisis.