“Dicha demanda creció con un rango de entre 6% al 90% en los diferentes países, en comparación con el período pre Covid-19”, destacó en una entrevista con Télam Charlotte Daneau, representante de FEBA, una entidad que nuclea a organizaciones que brindan asistencia en 24 países del continente.

Las cifras de contagios y muertos no son las únicas que preocupan en estos días en Europa: la demanda de bancos de alimentos “creció un 30% comparada con el período prepandemia”, destacó en una entrevista con Télam Charlotte Daneau, representante de una entidad que nuclea a organizaciones que brindan asistencia en 24 países del continente.

“Nuestros miembros experimentaron un aumento de la demanda de alimentos de un 30% promedio a nivel europeo, con un rango de entre 6% al 90% en los diferentes países, en comparación con el período pre Covid-19″, explicó la gerenta de Comunicaciones de la Federación Europea de Bancos de Alimentos (FEBA) con sede en Bélgica.

“Esta es una nueva pobreza que no existía a principios de 2020: personas que perdieron su trabajo por el coronavirus, familias que dependían de las escuelas para la alimentación de sus hijos y personas mayores que vivían solas”, añadió.

Según una encuesta interna realizada por FEBA entre sus socios en septiembre del año pasado, Eslovaquia, Irlanda y Ucrania fueron los países en donde más creció la ayuda.

Los números exactos sobre el impacto de la pandemia en los bancos de alimentos europeos los van a presentar en mayo, pero Daneau anticipó que “la mayoría aumentó la cantidad de comida redistribuida en comparación con los niveles prepandemia, y en algunos casos se duplicó la cantidad”.

Las estadísticas del 2019 ya eran de por sí altas: ese año la red que encabeza la federación distribuyó 768.000 toneladas de productos alimenticios, el equivalente a 4,2 millones de comidas diarias, a través de 45.283 organizaciones benéficas.

Entre los factores que empujaron a mayores necesidades ante la pandemia, Daneauenumeró las caídas de los ingresos por la pérdida de empleo, la imposibilidad de acceder a alimentos por las restricciones en movilidad y transporte, y el cierre de colegios.

“Las escuelas juegan un papel clave en la alimentación de los niños en Europa, especialmente en países como Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido”, indicó.

“En la encuesta que circulamos en septiembre de 2020, el 60% de los consultados declaró que el fuerte aumento de personas que piden alimentos se debe a familias con niños que dependían principalmente de las comidas escolares y personas mayores que viven solas”, manifestó.

El contexto de fondo es el aumento de la pobreza: uno de cada cinco habitantes en la Unión Europea (UE) no tenía ingresos a fines de 2019 para cubrir la canasta básica, lo cual representa un total de 92,4 millones de personas, de acuerdo a una cifra oficial que se prevé que aumente al ser actualizada con los efectos sociales y económicos de la pandemia.

La crisis provocada por la Covid.19 afectó a muchos europeos que jamás habían experimentado la pobreza anteriormente, advirtió recientemente el relator especial de la ONU sobre extrema pobreza y derechos humanos, Olivier De Schutter, tras reunirse con autoridades de la UE en Bruselas.

“Hablé con personas que han pasado hambre por primera vez, que se han visto expuestas porque carecen de hogar y que sufren maltrato y abuso a causa de la pobreza”, denunció el especialista belga.

El comienzo de los confinamientos generó todo un desafío logístico para los bancos de alimentos que asisten a los que más lo necesitan y que obtienen la mayoría de las comidas y bebidas que otorgan a través de donaciones de empresas.

Los fabricantes del sector vieron afectados su distribución por un aumento de las ventas en los supermercados por el pánico que generó el virus y, a su vez, por una caída en el consumo en los restaurantes por los cierres, además de las restricciones del transporte de cargas entre regiones y países.

También hubo al principio una merma en la cantidad de voluntarios que participan en estas organizaciones y del dinero donado que sostiene la actividad diaria.

En este contexto, la FEBA lanzó hace un año una convocatoria solidaria e instó al sector privado a colaborar con un fondo de emergencia que logró recaudar y distribuir más de 4,2 millones de euros para acciones relacionadas con la Covid-19.

Parte de ese dinero sirvió para tener personal adicional para manejar el incremento de los volúmenes de alimentos y nuevos vehículos para asegurar la redistribución creciente que provocó las mayores necesidades.