Juan Pendino, miembro de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva dijo que solo hay tres profesionales formados que podrían sumarse a las terapias rosarinas. Son médicos a punto de rendir la especialidad. Un número demasiado bajo para la altísima demanda de pacientes . “La situación es crítica”, insistió

Este semestre podrían sumarse apenas tres médicos terapistas más para todo Rosario. Son los profesionales anotados para rendir la especialidad. El número resulta abrumador, por lo bajo, porque las terapias de toda la ciudad funcionan ya casi al 100 por ciento de su ocupación y se pone evidencia, una vez más, que el problema no es la cama en sí, sino los recursos humanos que la sostienen.

Consultado por El Tres, Juan Carlos Pendino, a cargo de la terapia intensiva del hospital Centenario y miembro de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (Sati), dijo que actualmente se trabaja con el casi 100 por ciento de las camas ocupadas.

Y llamó la atención sobre el problema de siempre: “Podemos hacer lugar para poner más camas, pero no tenemos quien las atienda”.

 “Hay solo anotados tres médicos para rendir para terapistas, eso quiere decir que si aprueban, sólo van a haber tres médicos mas”, señaló. Esto es, para todo Rosario.

En tal sentido, hizo un fuerte pedido a la sociedad a cuidarse e incluso se pronunció a favor de la suspención de la presencialidad escolar para reducir circulación y contagios. 

El problema de las camas se agrava ante la escasez de oxígeno y presiona a un sistema tensionado hace tiempo, fundamentalmente en las últimas semanas con picos de contagios y pacientes más graves que requieren de internaciones más prolongadas y asistencia respiratoria.

Ya desde el inicio de la pandemia el año pasado, los terapistas vienen advirtiendo sobre los escasos recursos con los que cuentan para salvar vidas, fundamentalmente porque los enfermos siempre son más (muchísimos más) que los profesionales especializados que pueden atenderlos. Y ahora, con una segunda ola de covid mucho más agresiva que la primera, la súplica del año pasado llega a la desesperación.