La jefa del gobierno comunal del Partido Popular, Isabel Díaz Ayuso, arrasó en las urnas. Ante la derrota, Pablo Iglesias de Podemos anunció su retiro de la política. Y la izquierda aggiornada de Mas Madrid eclipsó al oficialista PSOE.

Terremoto político en la península. El epicentro estuvo en Madrid. Unos comicios para la alcaldía capitalina terminan modificando sustancialmente el panorama electoral de España. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, logró la reelección y arrasó en las urnas. Su partido, el PP, se quedó apenas a cuatro escaños de la mayoría absoluta y podrá gobernar sólo con la abstención de la extrema derecha de Vox. La mujer que hasta hace dos años era una dirigente prácticamente desconocida, anoche se convirtió en un verdadero fenómeno político con un gran futuro y proyección nacional. Fue, también, un duro golpe para todo el espectro de la izquierda –el Partido Popular obtuvo más votos que los tres partidos de la coalición: Mas Madrid, PSOE y Podemos- que alcanza de lleno al gobierno del socialista Pedro Sánchez. Un triunfo tan contundente que “se cargó” al líder de la izquierda populista y ex vicepresidente, Pablo Iglesias, quien anunció que dejaba la política.

Hace apenas dos años, en mayo de 2019, Isabel Díaz Ayuso recorría la Comunidad de Madrid de norte a sur sin que nadie la parara para hacerse fotos con ella. La periodista y community manager del PP era una desconocida que, sin apenas experiencia en la gestión, aspiraba con escasas opciones de éxito a ser la presidenta de la región en la que había nacido. Su partido se hundía por los casos de corrupción de cuando gobernaban España y estaba amenazado por el ascenso de los catalanes de Ciudadanos, un partido de su mismo signo liberal que parecía que se iba a quedar con su electorado.

Ganó esas elecciones, hace dos años, al aliarse con los otros dos partidos de derecha, se convirtió en la presidenta de la Comunidad y ayer fue reelegida por amplia mayoría y el apoyo de 65 diputados en la asamblea comunal, más del doble de los que tenía hasta el momento. Obtuvo un muy fuerte respaldo a su gestión de la pandemia. Ahora puede gobernar sin el lastre de la ultraderecha de Vox en el gobierno, que había sido la lanza con la que la pincharon sus rivales durante la campaña. Aunque tendrá que negociar con el partido liderado por la dura Rocío Monasterio para aprobar proyectos claves. Ciudadanos se quedó sin representación. El PSOE del gobierno nacional tuvo un “descalabro sin paliativos”, de ganar los comicios de 2019 pasó a ser tercera fuerza política. Los votantes tradicionales del partido socialista le dieron la espalda a Ángel Gabilondo como un voto de castigo al presidente del gobierno nacional, Pedro Sánchez, que se había comprometido personalmente en el diseño de la campaña.

Los progresistas de Más Madrid son los otros grandes ganadores de estas elecciones. El partido creado alrededor de la ex alcaldesa Manuela Carmena, se convierte en el segundo partido de izquierda de la capital y abre una proyección nacional. Esta vez, el MM estuvo en manos de otra figura en ascenso, Mónica García, una médica anestesista desconocida para la ciudadanía hasta hace apenas un mes, que hizo una campaña basada en el feminismo y el cuidado del medio ambiente. Pablo Iglesias, el pelilargo y desaliñado candidato de Podemos que había llegado en 2014 para “renovar por completo” la política española no pudo concretar su “renacimiento” madrileño. Había dejado su puesto de vicepresidente en la coalición de gobierno nacional y jugarse el todo en estas elecciones. A la noche, con los resultados a la vista, apareció ante las cámaras para decir que no quiere ser “un lastre” para su partido y que deja todos sus cargos y se aleja de la política. Tal vez, vuelva a su viejo oficio de reportero de programas descontracturados de la televisión.

De esta manera gana el proyecto de profundización del modelo socioeconómico conservador/liberal del PP, que “entre acción propia y circunstancias estructurales ha presidido un periodo de notable crecimiento económico, aunque mal repartido”, dice el diario El País de Madrid. Ese mismo modelo que va ahora a contracorriente con bajas de impuestos y austeridad de gastos sociales, se proyecta una vez más con buenas perspectivas al resto del país. A ese espacio es donde se acopla el discurso ultraliberal y demagógico de Ayuso. También, al caer sus ex aliados de Ciudadanos, podrían cosechar más voluntades entre sus votantes. El resultado, a su vez, certifica la incapacidad del PSOE para reinventarse y presentar propuestas atractivas para los votantes más jóvenes. El avance de un mucho más moderno partido como es el municipal Más Madrid, podría dar aires nuevos a la izquierda y robarle votantes históricos del PSOE.

Ayuso emergió anoche de las históricas oficinas del partido en la calle Génova para seguir con su discurso de campaña neo-trumpista. “El sanchismo no entra en Madrid porque no se puede dirigir, ni controlar, ni imponer. Esa forma de gobernar con opulencia y con hipocresía desde la Moncloa tiene los días contados. Ya está bien”, dijo mientras sus enormes ojos se lavaban por las lágrimas. “Os prometemos dos años de gobierno en libertad para bajar impuestos, para proteger la educación pública, privada, concertada, para cuidar nuestra sanidad, para cuidar todo lo grande que hemos construido entre todos. Así que no os vamos a defraudar, vamos a gobernar con respeto y, sobre todo, y vuelvo a repetirlo una y mil veces, siempre por delante con la bandera de la libertad”, agregó rezando la base de lo que será el programa del PP con vistas a las elecciones generales en su intento por regresar al poder.

La presidenta madrileña se había jugado el todo por el todo cuando llamó a unas elecciones anticipadas. Su objetivo era sacarse de encima a los otros dos partidos de derecha con los que estaba obligada a gobernar. La ultraderecha franquista de Vox le hacía mucho ruido. “Tiró una moneda al aire”, le dijo un dirigente de su partido al diario El Mundo. “Y le ha salido cara”.