Reclaman mano dura contra la delincuencia tras el reciente asesinato de dos agentes.

La “marcha ciudadana” convocada por los sindicatos policiales de Francia en recuerdo de dos agentes asesinados se ha convertido en un desafío a la Justicia en toda regla. “El problema de la policía es la justicia” ha tronado desde la tribuna, frente a la Asamblea Nacional, el secretario general del sindicato Alianza, Fabien Vanhemelriyck. Poco después, una tormenta con granizo ha disuelto a los 35.000 congregados, según cifras de los sindicatos policiales.

En la tribuna, una pancarta negra con el lema “pagados para servir, no para morir” recordaba el origen de esta atípica reunión. En principio iba ser un homenaje al brigada Eric Masson, muerto a tiros en una operación antidroga en Aviñón el 5 de mayo y a la policía Stéphanie Monfermé, degollada delante de su comisaría en Rambouillet por un tunecino radicalizado dos semanas antes.

A esos asesinatos se suma el acoso que sufren los policías en las barriadas de los suburbios donde, casi a diario, arden coches y las fuerzas del orden son recibidas con fuegos artificiales (disparados contra ellos) y cócteles molotov.

Líderes políticos de todos los partidos, de la extrema derecha al PCE, respaldaron la concentración. Todos los barones de la derecha clásica se dejaron ver en la reunión. El líder ecologista y eurodiputado Yannick Jadot participó a título personal aunque su grupo no la apoyaba. La alcaldesa socialista de París, Anne Hidalgo, asistió. El primer secretario de los socialistas, Olivier Faure, declaró que estaba allí “para expresar su solidaridad con una profesión”. “Queremos reconciliar a los franceses con la policía y no oponer policía y justicia”. Poco caso le hicieron.

A un mes de las elecciones regionales y a un año de las presidenciales, la seguridad es señalada como asunto prioritario por muchos votantes. Eso lo sabe muy bien el presidente Emmanuel Macron, que en la remodelación del gobierno del pasado verano colocó a dos ministros que en España serían considerados de derechas. Macron es percibido como blando en estos temas pese a que en los últimos meses ha hecho bandera de la lucha contra la droga, ha restablecido los controles policiales en las fronteras con España e Italia y cuyo gobierno, liderado por Jean Castex, ha endurecido la legislación penal.

El primer ministro se ha comprometido con los sindicatos policiales, a los que recibió hace unos días en su despacho oficial, ampliar de 22 a 30 años el cumplimiento mínimo de pena de todo condenado a perpetuidad por delitos contra las fuerzas del orden.

Así llegamos a la paradoja de la manifestación de hoy en el Quai D’Orsay, entre el ministerio de Exteriores y la sede de la soberanía nacional, la Asamblea. El ministro del Interior, Gérald Darmanin, paseó entre la muchedumbre, se prestó a selfies con quien se lo pidió y dijo cosas tan merengues como “Cada noche, cuando me acuesto, pienso en vosotros”.

Los convocantes habían dejado claro que los políticos podían venir pero que la tribuna de oradores les estaba vetada. Los mensajes políticos los querían lanzar ellos: “Unas penas mínimas para los agresores. Ese es el mensaje fuerte y claro que esperamos. Un medida que no es anticonstitucional, ni liberticida ni nauseabunda” dijo otro líder sindical, Grégory Joron.

INTROMISIÓN EN LA JUSTICIA

Esta reivindicación de penas mínimas automáticas es defendida por la derecha clásica. Pero el ministro de Justicia, Éric Dupont Moretti, advirtió que la Justicia no puede tratar igual a quien delinque por primera vez que a un delincuente con antecedentes múltiples. Hablando en la Asamblea, aportó cifras que demuestran que el número de condenas y las penas de prisión han aumentado en los últimos años.

Pero también afirmó que “la justicia merece respeto”. Fuera del Parlamento fue la diana de muchos ataques y uno de los líderes sindicales pidió una pitada para él.

El cariz de la manifestación policial ha inquietado al Sindicato de la Magistratura (izquierda) que emitió un comunicado rotundo: “El nuevo horizonte que dibujan nuestros ministros y diputados participando en esta manifestación y asociándose así a las reivindicaciones policiales es el de una sociedad en el la que la policía se convierte en un poder autónomo en lugar de ser un fuerza pública al servicio de los ciudadanos”.

Más contundente aún fue el líder de La Francia Insumisa, Jean Luc Mélenchon, que denunció “el carácter ostensiblemente faccioso de la manifestación”. “Los sindicatos y las organizaciones policiales no tienen que hacer la ley” añadió. También recordó que durante las protestas de los chalecos amarillos, 32 personas perdieron una mano o un ojo debido a la actuación de las fuerzas del orden. Mélenchon puso el dedo en la llaga al señalar que “el ministro de Interior se había manifestado contra el ministro de Justicia”.

Conviene saber que, según un sondeo Ipsos publicado el lunes, el 44% de los militares y los policías con graduación afirma que votará por Marine Le Pen en primera vuelta. ¡Y el 60% en la segunda! La líder de la extrema derecha estaba este miércoles haciendo campaña en Burdeos. Le representó el número dos del partido, Jordan Bardella.