El posible noveno femicidio del año en la provincia norteña pasó casi desapercibido y reflejó la vulnerabilidad de las jóvenes que viven en situación de calle.

Una joven de 26 años fue encontrada muerta y con signos de ahorcamiento en una plazoleta de San Miguel de Tucumán en la noche el miércoles 19 y nadie reclamó su cuerpo hasta el momento, pese a que transcurrió más de una semana del hallazgo.

Una llamada anónima alertó al servicio 911 que había una persona sin vida en el espacio público ubicado en la intersección de Alberdi y avenida Roca.

El fiscal interviniente, Ignacio López Bustos, aseguró que los investigadores estiman que la joven “puede haber sido víctima de un femicidio”.

Bustos, al referirse a los signos de estrangulamiento y a la situación de situación de calle de la víctima, precisó que “los peritos encontraron esas marcas después de higienizar el cuerpo de la joven”, y “comentaron que era difícil ubicarla de noche y con la suciedad que tenía en esa parte del cuerpo”.


La plazoleta en donde ocurrió el crimen de la joven, identificada como Johana Paola Díaz, se denomina Domingo Faustino Sarmiento y, en los últimos tiempos, fue escenario de actos vandálicos, como roturas de luminarias que se reparan una y otra vez.

Los destrozos son provocados por “personas que la utilizan para pasar la noche o para drogarse”, sostuvo Luciana Ruíz, empleada de un comercio de la zona, en declaraciones a la prensa local.

La mujer agregó: “Los vecinos lo vivimos denunciando, pero nadie hace absolutamente nada para detenerlos. Se pelean entre ellos y viven generando problemas en la zona”.

Ruíz los definió como “fantasmas”, porque se presentan en la plazoleta cuando cae el sol y caminan despacio, con la mirada perdida y sin rumbo. “Están perdidos en las adicciones, son almas en pena que deambulan de un lado a otro buscando cómo hacer para drogarse”, manifestó la mujer.

El fiscal ordenó que personal de Homicidios investigue el caso y una comisión, a cargo de los comisarios Juana Estequiño, Diego Bernachi y Jorge Dib, descubrió al analizar la filmación de las cámaras de seguridad de la zona que la víctima estaba acompañada el día del crimen por dos jóvenes que no fueron reconocidos hasta el momento.

Los policías entrevistaron a vecinos en procura de identificar a los sospechosos y los testimonios fueron coincidentes: los conocían porque pedían comida o generaban incidentes “cuando estaban drogados”, pero que no tenían sus datos personales ni sabían cómo se llamaban.