El papa Francisco le pidió hoy a la denominada “Virgen desatanudos”, en un rezo desde los Jardines Vaticanos, por el fin de la pandemia y para “que la humanidad pueda retomar la vida de todos los días con seguridad”.

De frente a una reproducción de la figura de la que el pontífice es devoto, cerca de 300 personas recitaron rezos de la tradición católica y acompañaron al Papa en su pedido “para que termine la pandemia”.

El pedido del Papa incluyó además “que la humanidad pueda retomar la vida de todos los días con seguridad”.

“Son tantos los nudos que se atan sobre nuestra existencia”, lamentó el Papa durante la ceremonia, y nombró, entre otros, al “egoísmo, los nudos económicos-sociales, los de la violencia y de la guerra”.

Con el rezo de este lunes, el Papa finalizó el mes de oración convocado durante mayo para llevar esperanza de cara a la pospandemia de coronavirus.

Durante el rezo, los cinco nudos por los que pidieron el Papa y los asistentes fueron, por ejemplo, el de la relacionalidad herida, la soledad y la indiferencia, que se profundizaron en este tiempo.

El segundo nudo es el del desempleo, con especial atención al desempleo juvenil, al femenino, al de los padres de familia y al de los que intentan defender a sus empleados.

El tercer nudo está representado por el drama de la violencia, en particular la que se origina en la familia, en el hogar dentro de las paredes de la casa, hacia las mujeres o deflagrada en las tensiones sociales generadas por la incertidumbre de la crisis.

El cuarto nudo se refiere al progreso humano, que la investigación científica está llamada a apoyar, poniendo en común los descubrimientos para que sean accesibles a todos, especialmente a los más débiles y pobres.

El quinto nudo a desatar es el de la “atención pastoral” para que las Iglesias locales, las parroquias, los oratorios, los centros de pastoral y de evangelización redescubran el entusiasmo y el nuevo impulso en toda la vida pastoral, además de para “que los jóvenes puedan casarse y construir una familia y un futuro”.

La imagen frente a la que rezó el Papa y de la que es devoto desde su época de arzobispo porteño, es una copia de un cuadro que se conserva en Augsburgo, Alemania, de una pintura del artista alemán Johann Georg Melchior Scmidtner de 1700.