Se trata de un material que lo genera menos del 5% de esta especie y que logró cambiar la vida de 35 marineros de Yemén. Por qué es tan difícil extraerlo y qué planes tienen los tripulantes tras el hallazgo.

Un grupo de 35 pescadores encontró restos de una ballena en las costas del sur de Yemen, en el golfo de Adén, mientras trabajaban, arrastrándola hacia la orilla sin saber que iban a encontrarse con un millonario tesoro.

Se trataba de un cachalote, un cetáceo cuyas secreciones intestinales se convierten en ámbar gris. Es la respuesta del cuerpo de la ballena a su dieta, ya que comen muchos calamares, y los picos pueden dañar las paredes intestinales. Por ello, segregan un líquido que ayuda a pasar los alimentos por el sistema digestivo.

Ambar gris para qué sirve

El ámbar gris antiguamente se utilizaba en medicamentos, para fabricar incienso o incluso como afrodisíaco. En la actualidad, aunque comenzó a reemplazarse por compuestos sintéticos, se utiliza como fijador en perfumería. 

Es un material ceroso e inflamable, de color gris mate o negruzco. “En cuanto nos acercamos notamos un olor fuerte y pensamos: ‘Puede que esta ballena contenga algo'”, describió uno de los marineros.

El ámbar gris se caracteriza por tener un olor peculiar dulce y terroso, parecido al isopropanol. 

Los expertos aseguran que este material tan preciado solo se encuentra en esta especie. Además aseguran que entre el 1 y el 5% de los especímenes la contiene.

Dificultad en su extracción

Su alto valor es debido a su rareza y la dificultad de su extracción. “Si encuentras ámbar gris es un tesoro”, explicaron los pescadores.

Por tal motivo, los marineros ataron al cetáceo y lo arrastraron hasta la orilla. Al abrir al animal se encontraron con el gran tesoro, un precio inimaginable de ámbar gris, equivalente a 1,5 millones de dólares.

Un cambio de vida

El hallazgo marcó un antes y un después en la vida de los marineros. Más aún, vivir en un país como Yemen donde la guerra civil llevó a la mayor parte de la población a la pobreza. Según datos de la ONU, el 80% de la población yemení está en riesgo de sufrir hambre.

 “Todos somos pobres. No pensábamos que la ballena nos daría semejante cantidad de dinero“, explicó otro de los pescadores.