Todo comenzó cuando los agentes del turno noche procedieron a retirar a uno de los internos para ser trasladado por personal de Trámites y Libertades a otra dependencia.

Fue entonces cuando el resto de los alojados (actualmente hay 22 individuos) comenzaron a comportarse en forma hostil hacia el personal policial arrojando distintos tipos de elementos y prendiendo fuego colchones, frazadas y ropas.

Elementos secuestrados

Ante el intenso fuego y humo producido se solicitó la presencia de Bomberos Zapadores que llegaron minutos después y tras una intensa labor lograron sofocar los distintos focos ígneos.

La revuelta tuvo sus consecuencias motivo por el cual poco después se hizo presente una unidad sanitaria cuyo personal asistió a dos internos (uno apellidado Farias y el otro Larrosa); los que presentaban un principio de asfixia por haber inhalado humo.

Los mencionados fueron atendidos en el lugar y posteriormente se los reintegró al penal.

En la requisa al pabellón donde se produjeron los incidentes, agentes del Cuerpo Guardia de Infantería (CGI) secuestraron un teléfono celular, dos cargadores y algunas armas de fabricación casera (“facas”), entre otros elementos prohibidos.