Por unos días, las noticias del mundo mantendrán en sus portales la noticia del magnicidio perpetrado contra quien era presidente de Haití, Jovenel Moïse, y su esposa Martine, muertos en manos de un grupo armado que atacó su propia residencia presidencial.

Por Pablo Benito


La medía de los argentinos en particular y los latinoamericanos en general, ignoran que Haití es una nación de la llamada “Patria Grande”. Apenas les llega el nombre cuando son invitados a disputar alguna contienda deportiva.


Quizás para la historia, este país con la particularidad de haber sido el primer territorio, en el mundo, en donde se abolió la exclavitud, sigue pagando el precio de la histórica revuelta, 1804, en que dio a la humanidad el mensaje de que no sólo los territorios se liberan sino también sus habitantes.

Distintos bloqueos comerciales y aislamientos, en el propio contintente, dieron como resultado 10 años de inestabilidad y una abusiva precio de su independencia colonial, de Francia, mediante el pago de una “indemnización” tan onerosa como perversa.

Ese “resarcimiento” que concedía el reconocimiento diplomático francés para Haití, se realizó a cambio de un arancel del 50% de reducción a las importaciones francesas y una indemnización de 150.000.000 francos (unos US$21.000 millones de hoy), pagadera en cinco cuotas.


Esta “extorsión” multinacional se concretó el 17 de abril de 1824.


Como el dinero “no todo lo compra” – menos aún la independencia- está nación, olvidada, poblada por 11 millones de personas, sufrió el saqueo de sus recursos naturales – abundantes- de manera violenta con ocupaciones militares que se sucedieron en el siglo pasado.


La violencia es la marca de la vida política, haitiana y ya no parece ser un medio de disputa de poder sino el fín mismo. La inestabilidad debilita la soberanía sobre sus propios recursos y las naciones centrales siemban conflictos que hacen del país.
En 1957 a 1986, Duvalier -François, el padre, apodado ‘Papa Doc’ y su hijo Jean-Claude, ‘Baby Doc’- perpetraron un extenso terrorismo de Estado, poco denunciado en el mundo, y establecieron un régimen corrupto grotesco. Los grupos paramilitares, secuestraron, torturaron, mataron y desaparecieron a 60 mil personas de la oposición. 


Terremotos, huracanes y después-
El 12 de enero de 2010, la tierra se sacudió en Haití con un un terremoto dejando un saldo de, al menos 230.000 personas muertas, otras 340.000 quedaron heridas y se registró un millón y medio de damnificados. El sismo elevó, proporcionalmente, la ya inmanejable crisis socio – económica.


El aporte de la comunidad mundial se daba en TV, pero el uso histórico de suelo haitiano originó que desechos de un establecimiento de la ONU contaminaron de cólera el río Artibonite, una epidemia que cobró la vida de 10.000 personas y enfermó a más de 600.000.


La ONU, desconoció su responsabilidad, durante 6 años, luego reconoció su “desliz” y apenas se limitó a pedir “perdón”
Desde entonces, Haití intenta reconstruirse sin éxito. 

Con 11 millones de habitantes, Haití es una nación que no encuentra sosiego. La atraviesa una corrupción rampante, la inequidad, la pobreza extrema y las calamidades que le han dejado múltiples catástrofes naturales. Esta mezcla ha provocado múltiples levantamientos populares, como el que recientemente sume a Haití en una nueva crisis y una ola de inseguridad y secuestros.