Furor por Messi en Miami

Leo salió de un restaurant y fue rodeado por muchos fanáticos que cantaron con él. Locura.

Una verdadera locura. Cientos de personas amontonadas delante de una puerta por él, por el amor que le tienen, por lo felices que los hizo. Están desenfrenadas. Se le tiran encima, se sacan selfies, no respetan distancias. Messi se entrega a la gente de la seguridad. Y como puede escapa de la escena.

No es que el mejor jugador del mundo no quiera saludarlos. Simplemente se ve superado por una situación que no esperaba vivir. No al menos de esta manera. No hay autocontrol cuando la pasión es infinita. Y Leo, cómplice, lo entiende.

Siempre dispuesto a regalar una foto o una firma, como lo hizo no bien aterrizó en Miami, esta vez se fue cabizbajo, mentalizado en que sus afectos pudieran dejar el restaurante sin inconvenientes.