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miércoles 22 de septiembre de 2021

Leo Mattioli, el embajador de la cumbia santafesina, cumpliría 49 años

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En el mes de su aniversario (el 7 se cumplieron diez años de su muerte y hoy cumpliría 49 años).

“Siéntate, hijo mío, y escúchame. Sé que eres chico y quiero que empieces a entender”, le cantaba Leo Mattioli a Nicolás, su hijo mayor, que hoy sigue los pasos de su padre en el mundo de la cumbia. El popular artista murió el 7 de agosto de 2011, a los 38 años, en un hotel de Necochea –después de un show en Mar del Plata- a causa de un parocardiorespiratorio.


“No quiero que juegues jamás con mi guitarra. Es un juego de manos que después te llega al alma. Yo la abracé más tiempo a ella de lo que abracé a tu madre. Es por eso que te pido no trates de acostumbrarte”, le rogaba Leo a su primogénito –que, cuando murió el músico, tenía 18 años- en otra estrofa de la canción que termina con una tierna dedicatoria: “Serás un hombre hecho y derecho, pero para mí siempre serás mi cachorrito Nicolás”.


Nicolás hoy tiene 28 años y desde que se despidió de su padre en aquella habitación del hotel –estaba de gira con el cantante- se hizo cargo de su familia -conformada por su madre Marina Rosas, y sus cinco hermanas Julieta, María Laura, Romina, Tamara y Denis Amorina– y también de la banda.

“Tenía que seguir con lo que había hecho mi viejo. No podía quedar en la nada”, contó en su momento Nicolás, que el 17 de septiembre –”sí, un mes y 10 días después de la muerte de papá”- ya estaba sobre el escenario al frente de la banda del León Santafesino.

El día que “tocó fondo” y su adicción a la morfina

Leo brindó una entrevista a corazón abierto en la que habló de una recaída que lo llevó a una profunda depresión: “Estuve, mal, mal mal. Al punto de querer morirme. No de matarme, sino de morirme. Tenía un gran estado de depresión. Estaba todo el tiempo encerrado, dormía, me levantaba nada más que para trabajar”.


“Estaba terriblemente deprimido por muchas cosas que me pasaron. Sufrimientos o muertes, que pocos conocen, pero que a mí me causaron mucho dolor. La plata, los ladrillos o las ruedas no te hacen feliz. Estaba muy mal. Me encerraba en mi pieza, no comía, no me bañaba ni me afeitaba. No hacía nada. Estaba solo. No había cosas que me interesaran”, confesó en revista Paparazzi. “Toqué fondo, fondo mal. Había decidido dejarme morir. Estaba en tratamiento médico, pero no me podía mover”, agregó sobre el fuerte dolor en su cadera (consecuencia del accidente del 2000)

“Ya nadie podía hacer nada por mí. No escuchaba a la gente. Por ahí me hablaban, pero no les daba bola. Se juntó todo, el cansancio, el estrés, la depresión, los calmantes que no podía dejar de tomar. Un día, llegué a un punto límite. Estaba solo, sucio, tirado en la cama, y de pronto vi las fotos de mis viejos y de mis hijos. Y lloré. Fue como que me reventó la llaga que tenia adentro. Entonces dije: ‘Si mañana me levanto bien, cambia mi vida’. Me levante bien, gracias a Dios, y volví de la muerte, porque si me levantaba mal, hoy no estaba. Voy a empezar de nuevo. Ese día los que lloraron fueron los que estaban conmigo”, dijo sobre el cambio personal que decidió realizar.

“Siéntate, hijo mío, y escúchame. Y nunca, nunca, trates de ser como yo. Te aconsejo porque te quiero”, dice otra frase de la canción que Mattioli le escribió a su hijo, quien interpretó el mensaje con el correr de los años y de las giras que compartieron.


“La única adicción de mi viejo era a la morfina”, detalló Nicolás sobre Leo, que dejó el alcohol en 2006 aunque antes de cada show tomaba un vaso de whisky “para calentar la garganta”.

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