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viernes 22 de octubre de 2021

Alberto Fernández no tiene ni una sola diferencia personal con Santiago Cafiero

Foto: Infobae

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El ministro de Relaciones Exteriores busca reconstruir el Mercosur, cerrar una cumbre del Presidente con Joseph Biden y fijar prioridades respecto las iniciativas estructurales que China propone para la Argentina.

La política exterior diseñada por Alberto Fernández y ejecutada por Felipe Solá no funcionó y causó evitables crisis diplomáticas con el Mercosur, la Organización de Estados Americanos (OEA), las Naciones Unidas (ONU), la Casa Blanca, la Unión Europea (UE), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

Solá tenía escasa formación en relaciones exteriores para ocupar el Palacio San Martín, pero Alberto Fernández tampoco lo ayudó demasiado en su gestión. Desconfiaba de su entonces canciller, consultaba a otros jugadores del Gobierno para marcarle la cancha y protagonizó actos diplomáticos que hicieron colapsar las normas básicas de la política internacional.

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El Presidente reconoció los triunfos electorales de Joseph Biden (Estados Unidos) y Pedro Castillo (Perú) antes del pronunciamiento oficial en Washington y Lima, aseguró que no conocía la situación de los derechos humanos en Cuba y excluyó a Solá de la preparación formal de la visita del premier español Pedro Sánchez.

Santiago Cafiero jamás pensó en ocupar el piso 13 de la Cancillería. Y por ahora arranca con una ventaja: es amigo personal de Alberto Fernández, y lo puede llamar a su celular sin antes avisar vía WhatsApp. Eso no sucedía con Solá.

“La agenda geopolítica es fijada por Alberto Fernández, y yo en la Cancillería cumpliré sus instrucciones”, anticipó Cafiero a la línea del Palacio San Martín.

Ello significa que el nuevo ministro de Relaciones Exteriores ejecutará la hoja de ruta ya trazada por el Presidente, y que los cambios sólo estarán vinculados a los modos y a la búsqueda de ciertos resultados diplomáticos que aún no han llegado a la administración del Frente de Todos.

De todas maneras, si Cafiero no logra que Alberto Fernández se ciña a su propio guión geopolítico y que entienda que no hace falta reinterpretar in voce los manuales de la diplomacia global escritos hace 150 años, su rol como canciller sufrirá las mismas penurias institucionales que su antecesor Solá.

Cafiero asume que tiene que resetear su acceso cotidiano a la información, y en los últimos tres días ha modificado su material de lectura. Ya no lee tantos informes sobre el conurbano, el desempleo, la fuga de votos y la posible adquisición de vacunas al régimen dictatorial cubano.

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El viernes pasado, en su escritorio de la Cancillería, Cafiero tenía una fotocopia de la mejor biografía escrita sobre Ángela Merkel. Y ya había pasado por ahí, el artículo principal de la última edición de la revista británica The Economist, que lleva en portada el pedido de renuncia de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Solá no esperó su llegada al Ministerio de Relaciones Exteriores, y Cafiero se puso a trabajar a los pocos minutos de haber jurado en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada. El canciller hizo tres primeras llamadas internacionales: a Daniel Scioli, en Brasilia; a Jorge Arguello en Washington, y finalmente, a Sabino Vaca Narvaja, que está apostado en Beijing.

Con los tres embajadores tiene excelente relación, y con los tres decidió centralizar una agenda geopolítica que se movía a su propio ritmo, puenteaba a la anterior Cancillería, y conectaba directamente con el primer piso de la Casa Rosada. Scioli, Arguello y Vaca Narvaja conocían las internas de Palacio, y se movían en consecuencia.

“Voy a empezar por Brasil, ahí hay que reconstruir. No habrá fractura del Mercosur, hay que negociar con tiempo la flexibilidad de los aranceles, y después la relación va a fluir. Apuesto a una Cumbre de Presidentes del Mercosur en Brasilia. Será a fin de año. Todos necesitamos un bloque regional unido”, explicó Cafiero a su staff más cercano.

-¿Y Uruguay? Ellos están muy avanzados con China-, opinó un asesor que casi vive a su sombra.

-Vamos a ver. Yo hablo con los chinos, y no es tanto como se asegura en Uruguay. Nosotros somos importantes para Beijing, y ellos no van a oficializar un acuerdo que puede complicar la relación bilateral con Argentina-, cerró Cafiero.

China tiene un proyecto ambicioso para el país. Intenta construir centrales nucleares, apropiarse de la provisión de la tecnología 5G para las comunicaciones, financiar emprendimientos vinculados al litio y los paneles solares, y participar en la venta de material bélico para las Fuerzas Armadas.

Cafiero entiende que hay una guerra fría tácita entre Estados Unidos y China, pero a su vez sostiene que es posible tener relaciones bilaterales con ambas potencias y mantener la equidistancia geopolítica. “Nosotros sabemos de energía nuclear, y los chinos nos proponen construir una central nuclear en la Argentina. Porqué tenemos que rechazar a priori ese proyecto”, reflexionó el canciller ante su equipo de trabajo.

-¿El presidente viaja a China en febrero?-, le preguntaron al ministro.

-Está previsto. Depende de la pandemia-, contestó.

Con Arguello, embajador argentino en DC, Cafiero tuvo largas conversaciones por celular. El canciller necesitaba saber cómo esta la administración de Joseph Biden después de la caída de Kabul, qué pasaba en el Capitolio y en qué instancia se encuentran las relaciones bilaterales.

Arguello conoce el poder y los entretelones de Washington, y Cafiero terminó de asumir que Argentina está en la última línea de las prioridades geopolíticas de la Casa Blanca. Hay diálogo institucional y proyectos comunes -la agenda del Cambio Climático, por ejemplo-, pero todo se volverá dramático cuando haya que pedir que Biden influya en la negociación con el FMI.

Martín Guzmán apuesta a Kristalina Georgieva para lograr un Acuerdo de Facilidades Extendidas, y la información que llega desde DC es que la directora gerente del FMI está al borde del precipicio institucional. Georgieva fue acusada de manipular un informe técnico a favor de China -cuando ocupaba un puesto clave en el Banco Mundial-, y en el Salón Oval no descartan que los indicios se transformen en firmes evidencias legales.

“Yo quiero una reunión entre Alberto (Fernández) y (Joseph) Biden. Sería muy importante para probar que nuestro gobierno tiene una agenda diplomática abierta y sin prejuicios ideológicos”, adelantó Cafiero en el Palacio San Martín.

Arguello trabaja en una visita de Alberto Fernández a Estados Unidos. Pero es incierto que ese hecho diplomático se consume durante 2021. En cambio, el embajador argentino en DC no descarta un encuentro protocolar entre el Presidente y Biden durante la cumbre del G20 en Roma. Esa foto oficial, a pocas semanas de los comicios de noviembre, tiene para el Gobierno un altísimo valor político.

Cafiero decidió mantener a todos los embajadores en sus puestos, y aún no definió su primer viaje como canciller. Mientras tanto, el ministro de Relaciones Exteriores estudia una vía de negociación para lograr que Alberto Fernández acceda a la Presidencia de la CELAC.

Ese cargo diplomático depende de la voluntad política de Daniel Ortega. El dictador de Nicaragua exige que Argentina modifique su condena al régimen autoritario, acusado en los foros internacionales por haber encarcelado a toda la oposición política. Si Alberto Fernández aceptara los reclamos de Ortega, su presidencia en la CELAC estaría asegurada.

“No lo vamos a hacer. Nunca apoyamos a Ortega. Hubo un error en el planteo diplomático y en la comunicación pública. Por eso retiramos al embajador en Managua, porque estamos en contra de las persecuciones políticas”, aclaró Cafiero en la Cancillería.

El emplazamiento público de Cristina Fernández de Kirchner al Presidente transformó a Cafiero en canciller. Alberto Fernández no pudo con la presión política y le pidió que diera un paso al costado como jefe de Gabinete. CFK hubiera preferido su renuncia directa, y La Cámpora y el Instituto Patria ya disparan contra el ministro de Relaciones Exteriores.

Cafiero lo sabe. Y ya pidió un ejemplar -en inglés o francés- del clásico “El Elogio de la Traición”. Una obra clave de la ciencia política que explica que los eventuales aliados se transforman en enemigos mortales cuando está en juego la sobrevivencia en el poder.

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