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martes 24 de enero de 2023

Día internacional de la Educación: los desafíos que la Argentina tiene por delante en el 2023

Este martes 24 de enero

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Con motivo de la fecha que promueve la UNESCO, una asociación de nuestro país enumeró los principales compromisos en la búsqueda de garantizarle su derecho a todos los niños, niñas y adolescentes argentinos. Sistematización de la información, financiamiento eficiente y una discusión pública por fuera de la grieta, entre los ejes principales.

Mauro L. Muñoz

 

En el marco del Día Internacional de la Educación, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en 2018, desde el Observatorio Argentinos por la Educación enumeraron los principales desafíos que nuestro país tiene pendientes en este camino.

 

El organismo especializado de la ONU, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), impulsa la celebración de este día entendiendo la educación como un derecho humano, un bien público y una responsabilidad colectiva para un desarrollo integral de la sociedad.

 

Según datos del propio organismo, en la actualidad 244 millones de niños y jóvenes están sin escolarizar y 771 millones de adultos son analfabetos en todo el mundo, por lo que su derecho a la educación está siendo violado. Es por eso que este año, el lema es “Invertir en las personas, priorizar la educación”.

 

Para obtener una perspectiva de los desafíos que nuestros país tiene por delante para garantizar una educación de calidad a todos los argentinos, se refirió al tema Flavio Buccino, referente de Argentinos por la Educación, docente y especialista en gestión educativa.

 

educación

 

-¿Cuál es nuestra principal fortaleza y debilidad de cara a los diez desafíos planteados por el Observatorio?

 

-Considero que el principal desafío está puesto en la sistematización de la información. Durante los últimos años, se ha avanzado mucho tanto a nivel nacional como en las provincias en la recopilación de información, pero no tanto sobre la sistematización. Esto se debe a diferentes motivos, como cambios de una gestión a la otra, en los criterios de trabajo o en los períodos de evaluaciones, entre otros. Por un lado, esta cuestión dificulta el análisis para saber dónde estamos parados, y por otro, afecta al diseño y la implementación de las políticas públicas necesarias para mejorar nuestro sistema educativo.

 

-¿Qué opina sobre el lema (“Invertir en las personas, priorizar la educación”) con el que la UNESCO encabezó este año la celebración de este día? ¿A qué deberían destinarse los recursos con más necesidad en nuestro país?

 

-Es muy acertado porque indica que hace falta invertir en todos los sectores que hacen al desarrollo humano. Considero que no alcanza solo con mejorar los sistemas escolares si antes no encontramos soluciones a las variables económicas, políticas y culturales de nuestra sociedad. Tenemos un 40% de los estudiantes que egresan del secundario en situación de pobreza. No hay escuela que alcance si primero no podemos encauzar una política intersectorial que permita mejorar las condiciones de vida de las familias. De todos modos, desde el Observatorio remarcamos que se debe volver a cumplir con la ley de financiamiento educativo que obliga a destinar un 6% del PBI a Educación y que esa inversión sea eficiente, a los fines de que la ejecución de cada peso sirva a los objetivos trazados”

 

-El documento del Observatorio resalta que la Argentina tendrá en el 2023 un año teñido por la agenda electoral ¿Cómo influye en el mundo educativo la polarización política que estamos viviendo?

 

-La conversión pública sobre educación tiene que quedar afuera de la famosa grieta de la que tanto hablamos en los últimos años. No se trata de que todos pensemos igual, porque no hay soluciones únicas. Pero sí creo que el gran debate que tenemos que darnos como argentinos es el de unificar una agenda común sobre los grandes temas pendientes. Además, en época de campañas políticas, suele suceder que aparecen muchos títulos sobre educación y de manera muy instrumental, pero se habla poco del fondo de la cuestión educativa que es muy compleja. Es por eso que desde el Observatorio planteamos estos diez ejes buscando aportar elementos para dar la discusión. Es necesario, en todo caso, poder reconocer lo que se ha hecho bien a lo largo de distintas gestiones de gobierno y en los distintos niveles del sistema –nacional, provincial, municipal– para poder encarar lo que falta.

 

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Los 10 ejes

 

El documento de Argentinos por la Educación plantea como de vital importancia que la educación esté en el centro del debate público. Partiendo de los datos recopilados y los informes previos, enumeraron diez ítems para dar el puntapié inicial en esa conversación:

 

Reducir las desigualdades educativas. El 40% de los estudiantes que llegan al final de la secundaria están en situación de pobreza. El nivel socioeconómico de las familias incide con fuerza en las trayectorias: entre los alumnos en situación de pobreza, solo el 14% tiene buen desempeño en Aprender.

 

Mejorar las trayectorias educativas. Solo el 16% de los estudiantes que comienzan primer grado llegan al final del secundario en el tiempo esperado y con los conocimientos satisfactorios de Lengua y Matemática.

 

Fortalecer los aprendizajes de los estudiantes. Los resultados del operativo Aprender 2021 mostraron una importante caída en el desempeño en Lengua con respecto a la evaluación pre pandemia. Este año conoceremos los resultados de Aprender 2022 para el nivel secundario: será clave aprovecharlos para diseñar políticas y estrategias pedagógicas de mejora.

 

Ampliar el acceso al nivel inicial. El acceso al jardín de infantes ha crecido en los últimos años, pero aún falta avanzar en sala de 4 (con una cobertura del 89,1%) y, especialmente, en sala de 3 (42,3%). En Argentina la sala de 5 es obligatoria desde 1993 y la sala de 4, desde 2014. Si bien la sala de 3 no es obligatoria, la ley establece que los gobiernos deben garantizar su universalización.

 

Avanzar con la extensión de la jornada escolar. El Ministerio de Educación de la Nación impulsó en 2022 la extensión de la jornada simple de 4 a 5 horas en las escuelas primarias, sumando una hora diaria de clase para reforzar los aprendizajes de Lengua y Matemática. En 2019, solo el 14,1% de los estudiantes de primaria asisten a escuelas con jornadas completas o extendidas.

 

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Jerarquizar la profesión docente. Los docentes ganan menos que otros profesionales con formación similar: la enseñanza se ubica en el puesto 15 en un ranking de ingresos de 18 actividades desempeñadas por trabajadores con educación terciaria o superior.

 

Sostener el financiamiento. En los últimos 10 años hubo recortes interanuales en el presupuesto educativo. En 2014 (-2,9%), 2018 (-9,2%), 2019 (-6,9%) y 2020 (-15,6%). Garantizar el financiamiento es una responsabilidad compartida de la Nación y las jurisdicciones, y requiere no solo la asignación de los recursos necesarios, sino también una ejecución eficiente. Según la Ley de Educación Nacional, deberíamos invertir el 6% del PBI en educación.

 

Garantizar el calendario escolar. En los últimos dos años el promedio de días de clase en el calendario escolar aumentó de 178 a 184. En 2022 todas las provincias planificaron al menos 180 días de clase, según lo establece la ley desde 2003.

 

Consolidar el sistema nacional de información digital. Aunque se creó en 2012, el Sistema Integral de Información Digital Educativa (SInIDE) aún no ofrece un sistema de información educativa nominal (es decir, individualizada por estudiante) con cobertura nacional. Se trata de una herramienta clave para la gestión educativa y para el trabajo pedagógico, que facilitaría un mejor seguimiento de las trayectorias educativas de cada estudiante.

 

Habilitar espacios de participación para las familias. En octubre del año pasado, más de 300 personas participaron del Tercer Encuentro Nacional de Familias por la Educación en Rosario (ENFE). En el “Manifiesto por la Educación”, documento de cierre del encuentro, pidieron a las autoridades una mayor escucha y la apertura de espacios de participación institucional de las familias. Sus voces pueden enriquecer el debate educativo.

 

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